Uno de los pilares más importantes de la terapia que realizo es la aceptación incondicional.

La mayoría de nuestros problemas psicológicos y emocionales tienen su origen en relaciones en las que no experimentamos este tipo de aceptación.

La aceptación incondicional es la base para el desarrollo de un apego seguro. Como vimos en este artículo sobre los tipos de apego, el apego seguro es el que correlaciona con un mayor bienestar y con una mejor salud mental.

En este post voy a contarte qué es la aceptación incondicional y cómo la incorporo en las sesiones de terapia.

¿Qué es la aceptación incondicional?

Como su nombre indica, se trata de una aceptación sin condiciones. Experimentamos aceptación incondicional cuando somos aceptados y queridos tal y como somos. En estas condiciones no sentimos la necesidad de adaptarnos a una expectativa externa de cómo deberíamos ser.

Os dejo una frase de Carl Rogers que para mi refleja muy bien lo que es la aceptación incondicional y por qué es tan importante:

“Una persona, al descubrir que es amada por ser como es, no por lo que pretende ser, sentirá que merece respeto y amor.”

¿Qué ocurre cuando no experimentamos aceptación incondicional?

Cuando de manera regular dejamos de experimentar esta aceptación, especialmente si ocurre en la infancia, desarrollamos estrategias para volver a ser aceptados.

No podemos sobrevivir sin el amor de nuestras figuras de apego principales, que suelen ser nuestros padres. Por ello, tenemos unos mecanismos extraordinarios para adaptarnos cuando sentimos que podemos perder ese amor. De niños somos especialmente sensibles a cualquier señal, verbal o no verbal, que nos lleve a sentir que el amor parental puede peligrar.

Mensajes verbales y no verbales que activan nuestro miedo al abandono

Cualquier mensaje explícito o sutil que nos transmita que no somos merecedores de amor por el mero hecho de existir:

En resumen, cualquier expresión que reprima nuestra manera particular de sentir y expresarnos.

No siempre son mensajes con una connotación tan negativa. Puede darse el caso en el que percibimos que cuando sacamos buenas notas es cuando se nos reconoce y valora. Si el amor que recibimos depende de nuestros logros académicos, podemos interiorizar que tenemos que ser perfectos/as y no cometer errores.

Maneras de adaptarnos cuando sentimos que pueden dejar de querernos

Básicamente hay dos estrategias principales para adaptarnos:

  1. Sobreadaptarnos: convertimos esa voz crítica externa en nuestra propia voz interna.

    Interiorizamos estas críticas, juicios y falta de permisos y nos volvemos muy cuidadosos con nuestra manera de actuar. Buscamos que coincida con lo que sentimos que se espera de nosotros.

    También nos volvemos extremadamente críticos con nosotros mismos. Nuestras necesidades pasan a un segundo plano. Intentamos ser perfectos, no cometer errores, no mostrarnos vulnerables, etc.
  2. Rebelarnos: aunque suene paradójico, la rebeldía es una manera de no perder el vínculo. Mientras nos rebelamos, mantenemos la relación.

    Imagínate que un niño crece en una familia muy conservadora con normas muy rígidas. No es raro que se convierta en la “oveja negra” de la familia.

    Esto, a priori, puede parecer que implica romper con la familia. Sin embargo, a nivel psicológico es una forma de mantenerse enganchado en la relación. Es como una manera de decirle a los padres: “voy a ser todo lo contrario a lo que esperáis de mi”. Pero si os fijáis, no es una decisión libre. Es una decisión que está en función de los padres y que busca provocar un efecto en ellos.

Mi manera de trabajar esto en terapia

Mi experiencia es que la relación terapéutica es la base imprescindible para que los pacientes puedan explorar y resolver aquello que afecta a su bienestar. No olvidemos que los problemas surgieron en relaciones en las que no había una aceptación incondicional. Por eso, pongo especial atención a crear un vínculo de confianza, protector y libre de juicios, acogiendo a la persona tal y como es.

Soy especialmente cuidadoso con los siguientes aspectos:


Esto permite ir creando poco a poco un vínculo en el que los pacientes pueden sentirse seguros, decir adiós a creencias limitantes y desarrollar una nueva manera de relacionarse consigo mismos.

En este sentido y ya para concluir os dejo otra frase de Carl Rogers que me inspira cada vez que estoy frente a un/a paciente:

“En mis primeros años profesionales me hacia esta pregunta: ¿Cómo puedo tratar, curar o cambiar a esta persona? Ahora formularía la pregunta de esta forma: ¿Cómo puedo proporcionar una relación que esta persona pueda usar para su propio crecimiento personal?”

Esto es todo. Espero que te haya gustado y si tienes cualquier duda o quieres compartir tu experiencia, te leo en los comentarios 😉

2 respuestas

  1. Supongo que la mayoría de las personas hemos vivido durante nuestra infancia y probablemente a lo largo de nuestras vida situaciones que han activado el miedo al abandono, aunque ahora visto desde la distancia no pensemos que con su comportamiento nuestros padres dudaran de que si nos querían incondicionalmente. ¿Puede que las experiencias de la infancia y los mecanismos de adaptación para no perder el amor parental se hayan ido adaptando a continuar con ese patrón por miedo a perder el reconocimiento de la sociedad en la que vivimos? Imagino que los métodos que el niño utiliza para adaptarse son combinables entre si, me refiero a la utilización conjunta de la sobre adaptación y la rebelión.
    Creo que este artículo es de gran interés y debería ser leído por todos los padres, los que ya lo son y los que lo serán en el futuro. No solo hay que querer incondicionalmente, sino también hay que saber demostrarlo y eso para muchos de nosotros como padres ha sido una asignatura pendiente, que ha podido causar un gran daño a los que mas queremos.

    1. ¡Hola Isabel!
      Gracias por tu comentario y tu reflexión. Como bien dices, la mayoría de las personas (y me atrevería a decir que probablemente todas) hemos experimentado miedo al abandono en alguna situación de nuestra vida. Normalmente, cuando este miedo se activa en la vida adulta es porque lo hemos vivido en la infancia y recordamos esa experiencia (en muchas ocasiones ni siquiera hay un recuerdo consciente pero sí sentido).
      Así mismo, coincido en que la cultura tiene una gran influencia en nuestra manera de relacionarnos y, en este sentido, parece muy plausible la idea de que nuestros mecanismos de adaptación son “bien vistos” socialmente y esa sea otra de las razones por las que resulta tan difícil “desaprenderlos”.
      Respecto a la posibilidad de que coexistan sobreadaptación y rebeldía, ambas estrategias pueden coexistir y ponerse en marcha en función de la situación y de la persona con la que nos estemos relacionando. Es decir, que una misma persona puede tener comportamientos de rebeldía (por ejemplo descuidar su salud física cuando en su familia existe rigidez y obsesión con la salud) y comportamientos de sumisión (por ejemplo nunca decir “No” a alguien, por miedo al conflicto). De hecho, desde la teoría del Análisis Transaccional, rebeldía y sumisión son estrategias que parten de lo que llamamos el “Estado del Yo Niño Adaptado”. Es decir, que ambas son maneras de adaptación al otro y surgen como reacción automática, en lugar de ser flexibles en función de la situación. Simplificando, podríamos decir que tanto las personas que se sobreadaptan como las que se rebelan están muy pendientes del otro y quieren causar un determinado impacto (por ejemplo caer siempre bien o provocar para ser vistas).
      También coincido plenamente en que además de querer incondicionalmente hay que aprender a demostrarlo. Nosotros partimos de que los padres lo hacen lo mejor que saben y pueden. Sin embargo, puesto que todos hemos tenido, en mayor o menor medida, carencias afectivas, podemos repetir esos patrones con los hijos y no conseguir estar en sintonía con lo que necesitan.
      ¡Un abrazo!

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