¡Feliz 2019!

Es posible, que para este nuevo año que va a comenzar, te hayas propuesto una serie de objetivos que quieres alcanzar. Puede ser que te hayas propuesto hacer más deporte, dejar de fumar, estudiar una formación que te interesa o cualquier otro objetivo saludable. Nuestros propósitos generalmente implican cambios saludables para nuestra vida. 

¿Por qué nos resulta entonces tan difícil ponernos en marcha y mantenernos comprometidos con nuestros propósitos?

En este post, explicaré algunas de las razones por las que nuestros propósitos de año nuevo frecuentemente acaban cayendo en saco roto y cómo podemos empezar a comprometernos realmente con nuestros objetivos.

¿Por qué no cumplimos los propósitos de año nuevo?

Imaginemos, a modo de ejemplo, que una persona se ha propuesto dejar de fumar en 2019.

Es probable que tenga muy buenas razones para ello, pues todos conocemos los riesgos que tiene para salud, por no hablar del ahorro económico que supondría. Podríamos argumentar, que la dificultad en este caso reside en que el tabaco es adictivo y ésta es, sin duda, una de las causas. Sin embargo, considero necesario ir un poco más allá y analizar todo el proceso que ha llevado a la persona a decidir que quiere dejar de fumar.

Cuando la motivación no parte de una elección propia

En este sentido, uno de los primeros aspectos a tener en cuenta es qué ha motivado esa decisión.

¿Es una elección propia, una exigencia externa o una mezcla de ambas?

Cuando la decisión viene motivada por factores principalmente externos (la familia, la pareja, los médicos, etc.), la probabilidad de que llevemos la decisión hasta el final es mucho menor que cuando se trata de una elección propia.

Una de las razones por las que no cumplimos nuestros propósitos de año nuevo, es que, frecuentemente, no son fruto de nuestra propia motivación.

Salir de nuestra zona de confort es un proceso que requiere tiempo y dedicación

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Pero, ¿qué pasa cuando sí se trata de una elección propia? ¿Por qué muchas veces no resulta suficiente?

Siguiendo con el ejemplo anterior, es posible que una persona esté realmente concienciada y dispuesta a dejar de fumar y, sin embargo, sienta que no es capaz de alcanzar su objetivo.

En esta situación, es necesario profundizar en la relación que se tiene con el tabaco. Es común, encontrarnos con que el hábito de fumar lleva acompañando a la persona desde hace muchos años. Partiendo de que todo lo que hacemos en nuestra vida tiene una función, nos vemos en la necesidad de preguntarnos qué nos ha aportado el comportamiento que nos gustaría cambiar.

La respuesta a esta pregunta resulta más compleja que la anterior, pero es fundamental conectar con nosotros mismos y explorar la función que ha tenido, en este caso el hábito de fumar, en nuestra vida. Algunas funciones que el tabaco suele cumplir incluyen evitar y/o calmar sensaciones desagradables (aburrimiento, nerviosismo, etc.)y socializar, aunque hay muchas otras posibilidades que necesitarán ser exploradas. Esta es la razón por la que no es raro encontrarnos con personas que hayan sentido en el tabaco un aliado que les ha ayudado a manejar situaciones desagradables.

Si no conocemos la función que tiene el comportamiento que queremos cambiar, no podemos desarrollar las herramientas necesarias para poder, por ejemplo, gestionar nuestro aburrimiento o nerviosismo de una manera más saludable.

Solemos desatender el componente emocional que hay en todo lo que hacemos

Supongamos que la decisión de dejar de fumar proviene de una motivación propia y que sabemos para qué nos ha servido fumar durante todo este tiempo. Muchas veces sigue siendo insuficiente.

Una posible explicación es que nuestras decisiones tienen un enorme componente emocional. Es decir, que podemos tener claro todo lo anterior a nivel racional, pero hay una parte emocional muy importante que no ha sido atendida y sigue impulsándonos a realizar el comportamiento que queremos cambiar.

¿Qué podemos hacer entonces, para lograr nuestros propósitos de año nuevo?

Todo lo anterior es la base para poder empezar a ponernos en marcha con una mucho mayor garantía de éxito que cuando simplemente nos decimos frases del tipo: “Voy a dejar de fumar” o lo que es peor “Tengo que dejar de fumar”.  Gracias a este trabajo en profundidad, podemos empezar a dar pasos hacia nuestro objetivo de una manera auténticamente comprometida.

Esto no significa necesariamente que será fácil, ni tampoco que no habrá retrocesos. Forma parte de este proceso y es importante tomarlo como una oportunidad de aprendizaje y de conocernos mejor a nosotros mismos.

Y tú, ¿sueles plantearte propósitos de año nuevo? Cuéntanos tu experiencia con esta costumbre tan arraigada.

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