Cuando hablamos de trauma psicológico, solemos pensar que para superarlo es necesario hablar del suceso traumático. Pero, ¿es esto cierto?

Esta es una pregunta muy importante y quiero dejar claro que lo que expondré a continuación no es una verdad universal, pues existen diferentes maneras de abordar el tratamiento del trauma. Lo cierto es, que en el campo de la psicología y la psicoterapia existen pocas verdades absolutas y es necesario contemplar cada caso en particular.

Pero, vayamos al grano.

Lo primero que me gustaría definir es qué es el trauma y qué significa superar un trauma.

¿Qué es un trauma?

Con el objetivo de mantener este artículo lo más breve y claro posible, no entraré en los aspectos más complejos del trauma y me ceñiré a una explicación sencilla.

Cuando hablamos de trauma, nos referimos a cualquier experiencia que desborda a nuestro sistema nervioso. Es decir, cualquier experiencia que provoca emociones y sensaciones que superan el umbral de tolerancia de nuestro sistema nervioso.

¿Qué tipo de sucesos pueden ser traumáticos?

Solemos asociar trauma con vivencias como abusos sexuales, guerras, catástrofes naturales o accidentes.

Sin embargo, otras experiencias menos llamativas (como ser humillado por un profesor, negligencias emocionales en la infancia, no ser aceptados tal y como somos, una infidelidad, un divorcio, problemas económicos, etc.) pueden resultar traumáticas.

Puesto que cada persona tenemos una sensibilidad diferente, lo que puede ser manejable para algunos, puede ser traumático para otros.

Esta reacción no es algo que elijamos conscientemente. Es una respuesta automática de nuestro sistema nervioso, cuyo fin es mantenernos a salvo. Para garantizar nuestra supervivencia, nuestro sistema nervioso desencadena una serie de reacciones que pueden variar desde una activación moderada para luchar/huir hasta un colapso completo.

Concretamente, hay dos experiencias que suelen resultar traumáticas:

1) la parálisis debida a una combinación de los instintos de lucha y huida. Cuando estamos en este estado, es como si pisáramos el acelerador y el freno del coche al mismo tiempo. Hay mucha energía preparada para ser expresada, pero ningún movimiento. Está relacionada con los ataques de pánico, las fobias, etc.

2) el colapso completo del cuerpo. Es una reacción desencadenada por una parte más primitiva de nuestro cerebro y su objetivo es dar la impresión de estar muertos ante un posible depredador. 

Lo que ocurre después de una experiencia tan intensa para nuestro sistema nervioso es probablemente más importante que la experiencia en sí. Si podemos estar en presencia de una persona que nos transmita seguridad y calma, la probabilidad de quedar traumatizados disminuye de manera significativa. En la Teoría Polivagal, a esto se le llama Co-Regulación.

¿Qué significa superar un trauma?

Significa, que una vivencia traumática, ya no condiciona nuestra vida. No significa que olvidemos lo que vivimos, sino que poco a poco vamos volviendo a sentirnos seguros en nuestro cuerpo y en el mundo.

Cuando el trauma no está superado, tendemos a experimentar sensaciones que nos desbordan. Las experiencias traumáticas quedan grabadas en el cuerpo y cualquier situación que nuestro sistema nervioso interprete como similar al trauma tiende a desencadenar estas sensaciones.

Por mucho que racionalmente sepamos que estamos a salvo, no podemos evitar sentirnos:

Son frecuentes también las alteraciones a nivel somático:

Es común pensar que no tiene sentido (al fin y al cabo, ya no estamos en peligro) o incluso sentirnos culpables. Pero es importante recordar que es una respuesta natural y automática de nuestro sistema nervioso. No significa que seamos débiles. Significa que, en el pasado, algo nos desbordó y ahora nos cuesta sentirnos seguros en nuestro cuerpo y en el mundo.

Entendiendo el trauma de esta manera, puede decirse que superarlo implica experimentar la suficiente seguridad como para que nuestro sistema nervioso pueda relajarse.

Esto es algo que normalmente requiere tiempo. Sobre todo al principio, es muy recomendable contar con un/a profesional que pueda estar presente con nosotros y hacer de “salvavidas” si empezamos a desregularnos. Para ello, esta persona necesita ser capaz de mantenerse conectada con su propia sensación de calma, de manera que pueda transmitirla.

Pero entonces, ¿es necesario hablar del trauma para superarlo?

En mi experiencia, puede ser muy útil hacerlo, PERO solamente después de haber encontrado recursos que nos ayuden a regularnos.

Puesto que el trauma suele dejarnos con sensación de parálisis o incluso colapso, antes de adentrarnos en él, necesitamos poder conectar con las sensaciones opuestas. De lo contrario, hablar del suceso puede volver a traumatizarnos.

Una vez que podemos conectar con sensaciones de seguridad y calma, hablar de lo ocurrido puede ayudarnos a entender que nuestro sistema nervioso hizo su trabajo para mantenernos a salvo.

Contar nuestra historia, nos ayuda a sentirnos comprendidos y a reconocer que lo que estamos experimentando en el presente es una consecuencia de las experiencias que hemos vivido.

¿Quiere decir esto que TENEMOS que hablar del suceso traumático?

En absoluto. Tal y como decía antes, puede ser incluso contraproducente. Antes de poder adentrarnos en el recuerdo traumático, necesitamos sentir que hay salida.

Si nos adentramos en el trauma, es fundamental hacerlo con un pie dentro de la experiencia y otro en el aquí y ahora, conectados con un terapeuta que nos ayude a mantenernos en un estado de activación que no resulte traumático.

Hablar del trauma no suele ser suficiente

Contar lo sucedido no suele ser suficiente para superarlo. La razón es que un sistema nervioso traumatizado necesita experimentar de manera repetida y consistente sensaciones de seguridad y empoderamiento.

Si solamente hablamos de lo sucedido, estamos utilizando la parte más racional de nuestro cerebro, mientras que las experiencias traumáticas suelen afectar a todo el sistema nervioso y probablemente a todo el cuerpo.

Seguramente te hayas dado cuenta de lo difícil  que es tranquilizar a alguien (o a ti mismo/a) con argumentos racionales. Esto se debe a que cuando estamos en un estado de desregulación, la parte lógica de nuestro cerebro está inhibida por una parte asociada con nuestro instinto de supervivencia, la amígdala.

Lo mismo sucede en el caso del trauma y, de hecho, la ansiedad frecuentemente está relacionada con el trauma.

Es común que cuando experimentamos un trauma, nos hayamos sentido atrapados o paralizados. Por ello, necesitamos poder mover nuestro cuerpo mientras prestamos atención a las sensaciones que van apareciendo (Mindfulness Somático).

En mi opinión, esta parte del proceso es mucho más importante que narrar el acontecimiento traumático. No obstante, es fundamental hacerlo de manera respetuosa con nuestro cuerpo, ya que conectar con él puede dar mucho miedo si hemos sufrido algún trauma. Recuerda que por definición el trauma es una experiencia que desborda a nuestro sistema nervioso y no queremos que eso vuelva a ocurrir.

Resumiendo…

¿Podemos superar un trauma y volver a sentirnos seguros?

Sí. Nuestro cerebro tiene plasticidad e igual que pudo estructurarse en torno a la experiencia traumática, puede volver a reestructurarse.

¿Es fácil?

Normalmente require tiempo y no es un proceso lineal. Necesitamos experimentar sensaciones de seguridad y calma de manera repetida y frecuente.

¿Necesitamos hablar de lo ocurrido?

Puede ser útil, pero no es la parte más importante del proceso. Deja que tu cuerpo te guíe y permite que un terapeuta con experiencia en trauma te acompañe en este proceso.

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